me siento triste porque no te quiero.
Así te diga en francés: "tu me plaît".
Me duele el cuerpo y el alma.
Pero nadie está satisfecho
ni tu, ni yo, quizás ellos
pero de veras no te lo compruebo
no hay nadie bueno, solo existe el vacío
ese nuevo sofá rojo
permanecerá así por un buen tiempo
pues no hay nadie que se encaje
en el desperfecto del centro.
y el león se siente cansado
solo, aburrido y sin recursos
su alma no vale nada,
su cuerpo es tan sólo huesos
y su melena, toda perfurada
alimenta las pulgas sin cesos.
domingo, 23 de maio de 2010
quarta-feira, 31 de março de 2010
hablando de un tal Robin
pero, a fin de cuentas, que puede reclamar Rafael de Camilo?
Rafael no es nada, es una mentira, una especulación o incluso una difamación. Sin Camilo, Rafael no sería nada, y los dos los saben.
Rafael llegó un 31 de diciembre, a eso de las 10 de la noche, por pedido de Camilo, con o sin necesidad. Llegó y pisó fuerte. Habló de su vida, de sus represiones e inquietudes; no tuvo "pelos en la lengua" cuando habló de lo que para él era el liberalismo y la globalización social, religiosa y cultural. Dijo y desdijo, contradijo todo y no aseguró nada. Era Rafael, rojo, polémico, abstracto.
Después se perdió, escondido entre los paradigmas de Camilo, entre cianobactérias y funciones cuadráticas. Entre Carnaval y Fenómeno del Niño. Se perdió y no se supo de él hasta que llegó Camilo a Brasil, a la tierra del samba, a la tierra sexuada, al alboroto hormonal. Ahí surgió Rafael, como de las cenizas, mas rojo que nunca, tan bello como siempre, con sus rizos castaños y su voz agradable. Con sus labios gruesos y suaves y su controvertida forma de pensar.
Conoció en una sola noche dos brasileños, un alemán y un británico. Tuvo sexo con dos de ellos y bailó en la pista hasta que los encargados de la seguridad lo echaron casi a patadas. Llegó a su casa un lunes poco antes del medio día mientras Camilo se vestía para ir a la universidad, con ojeras por no poder dormir pensando en que algo malo le hubiera sucedido a Rafael. Por su parte él durmió y no se despertó hasta que Camilo contactó a su "dealer" personal, dos dias después. Rafael inmediatamente pidió su dosis de MDMA, desesperado, ansioso, irritante. Camilo pidió sus tradicionales 25 gramos de THC.
Luego fue el concierto, el mismo concierto que Camilo había anhelado por mas de 6 años. Rafael apareció en el concierto, drogado, agitado y agresivo. No le importaba nadie en ese momento, ni siquiera Camilo, el amor de su vida, quien lo cuidaba y lo alimentaba, quien lo veía despertar todas las mañanas entre el ruido de la construcción y los niños gritando en el patio vecino, a quien no le importaba si sus rizos parecían una esponja de lavar loza o una melena. En aquel concierto Rafael encerró a Camilo en un baño público y no lo dejó salir hasta que casi todas las personas salieron del recinto. Camilo no dijo nada, había llorado toda la noche que ni tenía alientos ni voz para reclamar, para hacerse sentir, para vivir. Se dejó llevar por Rafael y sus amigos, andó por mas de dos horas en medio de la ciudad burbujeante y caótica, la misma ciudad que lo había visto crecer, la misma ciudad que le había proporcionado tantas alegrías y tristezas, que le había brindado tantas lágrimas y risas.
Para Rafael, Camilo era un caso perdido. Era un perdedor, un insensato, un débil. No sabía lo que quería ni lo que tenía. Sin embargo, no había duda alguna que lo amaba. Así como un hijo a su madre o un hermano a su hermana. Sexualmente se llevaban bien, a Rafael le encantaba la barriga de Camilo, su olor, sus nalgas. Acariciarlo en las noches de invierno era un gran placer, se sentía bien cuando Camilo le transmitia su calor. A pesar de ello, Rafael no dejaba de pensar que Camilo era un caso perdido y que necesitaba con urgencia mudar su perspectiva, pues de lo contrario el mundo lo iba a asesinar.
Pero Camilo sí sabía a quien en verdad iban a asesinar.
Rafael no es nada, es una mentira, una especulación o incluso una difamación. Sin Camilo, Rafael no sería nada, y los dos los saben.
Rafael llegó un 31 de diciembre, a eso de las 10 de la noche, por pedido de Camilo, con o sin necesidad. Llegó y pisó fuerte. Habló de su vida, de sus represiones e inquietudes; no tuvo "pelos en la lengua" cuando habló de lo que para él era el liberalismo y la globalización social, religiosa y cultural. Dijo y desdijo, contradijo todo y no aseguró nada. Era Rafael, rojo, polémico, abstracto.
Después se perdió, escondido entre los paradigmas de Camilo, entre cianobactérias y funciones cuadráticas. Entre Carnaval y Fenómeno del Niño. Se perdió y no se supo de él hasta que llegó Camilo a Brasil, a la tierra del samba, a la tierra sexuada, al alboroto hormonal. Ahí surgió Rafael, como de las cenizas, mas rojo que nunca, tan bello como siempre, con sus rizos castaños y su voz agradable. Con sus labios gruesos y suaves y su controvertida forma de pensar.
Conoció en una sola noche dos brasileños, un alemán y un británico. Tuvo sexo con dos de ellos y bailó en la pista hasta que los encargados de la seguridad lo echaron casi a patadas. Llegó a su casa un lunes poco antes del medio día mientras Camilo se vestía para ir a la universidad, con ojeras por no poder dormir pensando en que algo malo le hubiera sucedido a Rafael. Por su parte él durmió y no se despertó hasta que Camilo contactó a su "dealer" personal, dos dias después. Rafael inmediatamente pidió su dosis de MDMA, desesperado, ansioso, irritante. Camilo pidió sus tradicionales 25 gramos de THC.
Luego fue el concierto, el mismo concierto que Camilo había anhelado por mas de 6 años. Rafael apareció en el concierto, drogado, agitado y agresivo. No le importaba nadie en ese momento, ni siquiera Camilo, el amor de su vida, quien lo cuidaba y lo alimentaba, quien lo veía despertar todas las mañanas entre el ruido de la construcción y los niños gritando en el patio vecino, a quien no le importaba si sus rizos parecían una esponja de lavar loza o una melena. En aquel concierto Rafael encerró a Camilo en un baño público y no lo dejó salir hasta que casi todas las personas salieron del recinto. Camilo no dijo nada, había llorado toda la noche que ni tenía alientos ni voz para reclamar, para hacerse sentir, para vivir. Se dejó llevar por Rafael y sus amigos, andó por mas de dos horas en medio de la ciudad burbujeante y caótica, la misma ciudad que lo había visto crecer, la misma ciudad que le había proporcionado tantas alegrías y tristezas, que le había brindado tantas lágrimas y risas.
Para Rafael, Camilo era un caso perdido. Era un perdedor, un insensato, un débil. No sabía lo que quería ni lo que tenía. Sin embargo, no había duda alguna que lo amaba. Así como un hijo a su madre o un hermano a su hermana. Sexualmente se llevaban bien, a Rafael le encantaba la barriga de Camilo, su olor, sus nalgas. Acariciarlo en las noches de invierno era un gran placer, se sentía bien cuando Camilo le transmitia su calor. A pesar de ello, Rafael no dejaba de pensar que Camilo era un caso perdido y que necesitaba con urgencia mudar su perspectiva, pues de lo contrario el mundo lo iba a asesinar.
Pero Camilo sí sabía a quien en verdad iban a asesinar.
quarta-feira, 24 de fevereiro de 2010
summer love
lo mejor de aquel verano era levantarme con el olor de las pinturas de óleo. Daniel pintaba todas las noches, sagradamente desde las 2 hasta las 8 de la mañana, de modo que al levantarme, tanto las telas como la sala tenían ese olor a aceite linolèico, óleo y pinceles sucios.
Sin embargo, en quien pensaba todas las mañanas no era en Daniel, sino era en Luisa. En sus cabellos rojos, en su risa escandalosa. En ese abrazo casi agresivo que me daba cada vez que me fumaba un cigarrillo.
Cuando volvì a São Paulo el olor de Luisa se confundió, infelizmente, con el olor de las pinturas de Daniel, con el olor de su sexo, con el olor de sus cabellos rubios. Y su recuerdo era cada vez mas fuerte, aunque su presencia se hacía cada vez mas lejana. Debo confesar que el alemán que me cautivó en aquella noche de copas locas lo hizo gracias a su olor similar al de Luisa, sin contar el hecho de tener unos rizos tan rojizos como los de ella. Era Luisa, solo que con un pene en medio de las piernas. Y tenía una cámara fotográfica de los años 70.
Dos dias después, conocí a Kris, un norteamericano que tenía el mismo cabello de Daniel; inclusive tenía su mismo acento al hablar español. Reía con ganas, tenía unos labios rojos como el fuego y unos ojos azules como la pintura de Daniel, aquel azul intenso, vivo, delicioso. Con Kris el deseo incontrolable se acentuó, tanto que quisimos revivir el ambiente de Carnaval carioca en un callejón de São Paulo. Fue en mi casa en donde consumamos el acto, encuanto Daniel pintaba desnudo en la sala. Mientras besaba a Kris pensaba en las nalgas de Daniel, en lo sensual que él era desnudo con un pincel en la mano, mientras sentía el olor de pintura entrando por la parte de abajo de la puerta.
Cuando Kris se fue recordé la noche con Luisa en Bogotá, sus abrazos, sus besos, su piel, su olor. El olor de las pinturas de Daniel junto con mi imagen mental de sus nalgas me acompañaron antes de dormir, mientras me acordaba de los duros labios del alemán y de sus manos sobre mi cabello. Abracé el cojín naranja en forma de pelota de basket, el mismo que había recibido de Danilo, acomodé mi almohada de plumas y recordé cuán triste es dormir solo, después de haber amado a tantas personas en tan poco tiempo.
Sin embargo, en quien pensaba todas las mañanas no era en Daniel, sino era en Luisa. En sus cabellos rojos, en su risa escandalosa. En ese abrazo casi agresivo que me daba cada vez que me fumaba un cigarrillo.
Cuando volvì a São Paulo el olor de Luisa se confundió, infelizmente, con el olor de las pinturas de Daniel, con el olor de su sexo, con el olor de sus cabellos rubios. Y su recuerdo era cada vez mas fuerte, aunque su presencia se hacía cada vez mas lejana. Debo confesar que el alemán que me cautivó en aquella noche de copas locas lo hizo gracias a su olor similar al de Luisa, sin contar el hecho de tener unos rizos tan rojizos como los de ella. Era Luisa, solo que con un pene en medio de las piernas. Y tenía una cámara fotográfica de los años 70.
Dos dias después, conocí a Kris, un norteamericano que tenía el mismo cabello de Daniel; inclusive tenía su mismo acento al hablar español. Reía con ganas, tenía unos labios rojos como el fuego y unos ojos azules como la pintura de Daniel, aquel azul intenso, vivo, delicioso. Con Kris el deseo incontrolable se acentuó, tanto que quisimos revivir el ambiente de Carnaval carioca en un callejón de São Paulo. Fue en mi casa en donde consumamos el acto, encuanto Daniel pintaba desnudo en la sala. Mientras besaba a Kris pensaba en las nalgas de Daniel, en lo sensual que él era desnudo con un pincel en la mano, mientras sentía el olor de pintura entrando por la parte de abajo de la puerta.
Cuando Kris se fue recordé la noche con Luisa en Bogotá, sus abrazos, sus besos, su piel, su olor. El olor de las pinturas de Daniel junto con mi imagen mental de sus nalgas me acompañaron antes de dormir, mientras me acordaba de los duros labios del alemán y de sus manos sobre mi cabello. Abracé el cojín naranja en forma de pelota de basket, el mismo que había recibido de Danilo, acomodé mi almohada de plumas y recordé cuán triste es dormir solo, después de haber amado a tantas personas en tan poco tiempo.
segunda-feira, 22 de fevereiro de 2010
mis nostalgias
mon amour:
aqui hay alemanes,
italianos,
japoneses
y brasileños
un colombiano perdido por ahí
como muchos en esta selva de piedra
unos rizos rojos en la distancia
un aroma de risas y alegría
uma saudade
um beijo
tudo tão longe
e você aqui tão perto
pero seria tan chévere darte un pico
y reirnos de nuestro despiste
tomarme un café, fumarme un cigarro
mientras frunces el ceño y me das un abrazo.
aqui hay alemanes,
italianos,
japoneses
y brasileños
un colombiano perdido por ahí
como muchos en esta selva de piedra
unos rizos rojos en la distancia
un aroma de risas y alegría
uma saudade
um beijo
tudo tão longe
e você aqui tão perto
pero seria tan chévere darte un pico
y reirnos de nuestro despiste
tomarme un café, fumarme un cigarro
mientras frunces el ceño y me das un abrazo.
domingo, 13 de dezembro de 2009
enquanto isso, na cozinha...
gosto de orégano e manjericão
gosto mais do coentro do que da salsa
gosto de pimentão com uva passa
e adoro o bom hortelã
gosto mais do coentro do que da salsa
gosto de pimentão com uva passa
e adoro o bom hortelã
quinta-feira, 19 de novembro de 2009
quel artist
[...]Tiene miedo de la soledad, pero su sabor le coquetea frecuentemente. Sabe que como artista no se podría asumir, pues el peso de todos los parámetros y dogmas establecidos desde antes de su nacimiento caerían sobre él, rompiéndole la columna y las ilusiones.
Por eso fue que diseñó su disfraz, confeccionó su vestido y se destinó a hacer felices a los demás, produciendo una majestuosa obra de teatro, una representación casi perfecta de la realidad, un modelo vivo, un sistema biológico. Un científico.
[...]
Por eso fue que diseñó su disfraz, confeccionó su vestido y se destinó a hacer felices a los demás, produciendo una majestuosa obra de teatro, una representación casi perfecta de la realidad, un modelo vivo, un sistema biológico. Un científico.
[...]
terça-feira, 3 de novembro de 2009
El duende alado de las tormentas élficas se encontraba en un embotellamiento cuando el policía le pidió su identificación; el duende le entregó su luciérnaga guía, la misma que había tenido desde que tenía memoria, pero el policía no entendió y se enfureció, pidiéndole su cédula o algún documento. Como en el bosque donde vivía no habían documentos y él no sabía lo que era una cédula, fue detenido y preso en una celda oscura y alejada. El duende murió poco después de salir la luna llena, por una infección crónica de melancolía.
Subscrever:
Mensagens (Atom)